Eneida
Eneida van rompiendo y refluyen en bandas espumantes.
Por un lado y por otro se adelantan dos ringleras de rocas;
amenazan al cielo sus remates gemelos. El ancho haz de las aguas enmudece
sosegado a sus pies. Arriba, como fondo, un bosque de ramaje estremecido.
165 El oscuro boscaje proyecta sobre el mar su hórrida sombra.
Bajo un filo de rocas en el costado opuesto se abre un antro.
Allí dentro hay veneros de agua dulce y escaños prestos en la roca viva.
Allí moran las ninfas. Allí no han menester las naves fatigadas
del amparo de amarra ni ancla alguna que les aferre con su corvo diente.
170 Reuniendo sus naves, las siete de toda la tropa que ha conseguido recobrar,
allí se acoge Eneas. Desembarcan y en ciega ansia de tierra
se adueñan de la arena deseada y por la misma playa
tienden sus miembros que rezuman sal. Y antes que nada Acates