Eneida
Eneida desde donde es más corto el paso a Italia a través de las olas.
El sol se hunde entre tanto y van ensombreciéndose los montes.
Tras sortear los puestos de los remos, sobre la misma orilla
510 nos tendemos en el regazo de la tierra ansiada
y vamos reponiendo nuestros cuerpos
desperdigados en la seca arena. El sueño se diluye por los cansados miembros.
Aún la Noche guiada por las Horas no llegaba a mitad de su carrera,
cuando alerta Palinuro salta ya de su lecho y avizora los vientos
515 y su oído percibe su soplo. Señala cada estrella que se va deslizando
allá por el silencio del cielo: Arturo, las pluviosas Híadas, las dos Osas
y avista la carrera de Orión armado de su espada de oro.
Y luego que comprueba que todo está en su punto en la serena placidez del cielo
da su hiriente señal desde la popa. Levantamos el campo
520 y arriesgándonos al viaje desplegamos al viento las alas de las velas.