Eneida
Eneida 535 y desde unos peñascos torreados desciende el doble muro de sus brazos.
El templo queda atrás, alejado de la orilla. Allí, primer augurio,
veo cuatro caballos en el césped, blancos como la nieve, paciendo por el llano.
Mi padre Anquises: «Guerra es lo que presagias, tierra acogedora.
540 Para la guerra se arman los corceles, con la guerra amenazan esos potros.
Por cierto que también acostumbran a ir uncidos al carro
y a soportar a un tiempo freno y yugo. También auguran paz», añade.
Entonces invocamos el sagrado poder de Palas,
la diosa de las armas resonantes
la primera que acoge nuestros gritos de alegría.
545 Y ante su altar velamos nuestras cabezas con el manto frigio.
Y siguiendo el primer encargo de Héleno, quemamos, según prescribe el rito,
en honra a Juno argiva las ofrendas debidas. Sin detenernos más,
cumplidos cabalmente nuestros votos, giramos hacia el viento
los pañoles de las vergas y antenas