Eneida
Eneida y perforamos con aguzada estaca el único ojo que escondía bajo la torva frente,
como un escudo de Argos o lámpara de Febo. Así al cabo vengamos gozosos
a los Manes de los nuestros. Pero huid, desdichados, huid, cortad la amarra de la orilla.
640 Pues de la misma traza y corpulencia que Polifemo, lo mismo que él encierra
sus lanudas ovejas en las concavidades de su cueva y que ordeña sus ubres,
habitan otros cien monstruosos Cíclopes por estas corvas playas
645 y vagan por las cimas de estos montes.
Tres veces han llenado los cuernos de la luna
su círculo de luz desde que arrastro mi vida por bosques y desiertos
en medio de cubiles y guaridas de alimañas, oteando desde un risco
a los talludos Cíclopes, oyendo estremecido el ruido de sus pasos y su voz.
650 Las ramas de los árboles me dan sustento ruin, guijosas bayas de cornejo;
me nutro de las yerbas que arranco a las raíces.
Tendiendo de continuo la mirada,
al fin he divisado vuestra flota que venía a esta playa y decidí entregarme