Eneida
Eneida Se alimenta de las entrañas de sus pobres víctimas y de su negra sangre.
Yo le vi con mis ojos asir con sus manazas a dos de nuestros compañeros.
Y tendido boca arriba en medio de la cueva hacerlos trizas contra la roca,
625 y vi el umbral rociado de la sangraza que inundaba el suelo.
Y le vi hincar los dientes en los miembros chorreantes de coágulos
de oscura sangre y vi palpitar la carne todavía tibia entre sus mandíbulas.
Pero no sin castigo, por cierto, pues Ulises no sufrió tal horror
ni en trance tan terrible se olvidó de quién era. Y así tan pronto como ahíto
630 de comida, hundido en vino, recostó su rendida cabeza y quedó tendido
todo lo largo que era por el antro, vomitando entre sueños
sanguaza y trozos de carne entremezclados con vino sanguinoso,
nosotros invocando a los grandes poderes de la altura, sorteando los puestos
635 nos arrojamos todos a un tiempo en torno de él