Eneida
Eneida El apocado revela un alma ruin. ¡Ay! ¡Qué hados lo han vejado!
¡Qué guerras ha contado, afrontadas por él hasta el último trance!
15 Si no tuviera la firme decisión inquebrantable de no unirme a otro alguno
después del desengaño que sufrí con la muerte de mi primer amor,
si no sintiese hastío del tálamo y las teas nupciales, a esta sola flaqueza
a esta sola pudiera, sí, quién sabe, haber cedido.
20 Ana, te lo confieso, al cabo de la muerte de Siqueo,
mi esposo infortunado, una vez que arrasó mi hogar mi criminal hermano,
sólo éste ha doblegado mi energía y le ha forzado a vacilar a mi ánimo.
Vuelvo a sentir en mí el resquemor de la primera llama. Pero desearía
que para mí se abriera la sima de la tierra o el Padre omnipotente
25 me arrojara a las sombras con su rayo,
a las pálidas sombras del Érebo y la noche profunda
primero que violarte, honestidad, o quebrantar tus leyes.