Eneida
Eneida lo mismo que una Ménade tremante al desfilar los emblemas sagrados
cuando el grito de Baco enardece la orgía trienal y el Citerón[103] la llama
con su clamor nocturno. Al cabo se decide a apremiar así a Eneas:
305 «¡Traidor, con que esperabas poder disimular tan gran maldad
y sin decir palabra marcharte de mi tierra! Pero ¿no te detiene nuestro amor
ni la diestra que un día te di en prenda,
ni la muerte cruel que espera a Dido?
Además en invierno te tomas el trabajo de preparar la flota
y te apresuras a atravesar el mar entre Aquilones, ¡despiadado!
310 ¿Qué? Si no fueras buscando en tierra ajena
una patria que no has visto y si la antigua Troya
se mantuviera todavía en pie, dime ¿dirigirías tus naves hacia allí
con mar tan borrascoso? ¿Huyes de mí? Por estas lágrimas,
por la mano que uniste con la mía, te lo pido,
315 pues no me queda ya, pobre de mí, nada más que invocar,