Eneida
Eneida por nuestro enlace, por nuestra boda comenzada,
si he merecido alguna gratitud de ti,
o te ha sido dulce alguna cosa mía, ten piedad de una casa que se arrumba
y si existe todavía un resquicio para el ruego, te lo pido, echa de ti esa idea.
320 Por ti me odian los pueblos de Libia y los jefes númidas y los tirios
me son hostiles, por ti he perdido el honor, mi fama de antes,
aquella que me alzaba a las estrellas.
¿En qué manos me dejas en trance ya de muerte, huésped mío,
sólo este nombre ya me queda de mi esposo? ¿A qué aguardo?
¿A que venga mi hermano Pigmalión
325 a arrumbar mi ciudad o a que el getulo Jarbas se me lleve cautiva?
Si antes que me abandones a lo menos me hubiera nacido un hijo tuyo,
si viera en mis salones retozar un Eneas pequeñuelo, que a pesar de todo
reflejase en su rostro los rasgos de tu rostro,
no, no me sentiría burlada, abandonada por entero[104]».
330 Le habla así. Él siguiendo el consejo de Júpiter mantiene inmóviles los ojos