Eneida
Eneida y acalla a duras penas su dolor en lo hondo de su pecho.
Al cabo, le da breve respuesta: «Nunca negaré, reina, que mereces
mi gratitud por todos los favores, cuya lista podrÃas tú misma enumerarme,
335 y no me pesará acordarme de Elisa mientras pueda acordarme de mÃ,
mientras aliente un soplo de vida en este cuerpo.
De mi conducta poco voy a decir.
Ni he pretendido, no te lo imagines, ocultarte mi huida con amaños,
ni te he ofrecido las antorchas de boda ni he llegado a tal pacto contigo.
340 Si los hados me dejaran amoldar a mi gusto mi vida y resolver
mis desdichas conforme a mis deseos, mi primer cuidado
hubiera sido la ciudad de Troya y los queridos restos de los mÃos,
y quedarÃa en pie el soberbio palacio del rey PrÃamo
y hubiera alzado con mi mano una nueva Pérgamo a los vencidos.
345 Pero ahora Apolo me manda ir a la gran Italia,