Eneida
Eneida a Italia me mandan los oráculos de Licia[105].
En ella centro mi amor; mi patria es ella. Si tú que eres fenicia
estás prendada de las torres de Cartago y te encanta la vista
de una ciudad de Libia, ¿a qué estorbar que acampen los teucros
en la tierra de Ausonia? También nosotros tenemos el derecho
350 a buscarnos un reino en país forastero. A mí, siempre que cubre
la noche con el húmedo velo de sus sombras la tierra, cuando afloran
su lumbre las estrellas, entre sueños el espíritu acongojado
de mi padre Anquises me amonesta y me deja aterrado. Y se me representa
mi hijo Ascanio y el daño que le causo al objeto de mi amor
355 privándole del reino de Hesperia y las campiñas que le están predestinadas.
Además, ahora mismo el mensajero de los dioses
que acaba de mandarme el mismo Júpiter,
lo juro por tu vida y por la mía, ha bajado a transmitirme su orden
a través de las auras volanderas. Yo mismo he visto al dios a plena luz del día