Eneida
Eneida No hay lugar donde la lealtad esté a seguro. Arrojado a la playa
desprovisto de todo lo he acogido. Con él he compartido mi trono.
375 He salvado su flota perdida, he arrancado sus hombres a la muerte.
Las Furias, ¡ay!, me abrasan, me arrebatan. Ahora el augur Apolo,
ahora son los oráculos de Licia, es ahora el mensajero de los dioses
mandado por el mismo Júpiter quien le trae por los aires la horrible orden.
Es ésa, por lo visto, la tarea de los dioses de lo alto, ese cuidado
380 turba su sosiego. No te retengo más ni rebato tus palabras.
Vete, sigue a favor del viento a Italia. Ve en busca de tu reino por las olas.
Espero, por supuesto, si tiene algún poder la justicia divina,
que hallarás tu castigo, ahogado entre las rocas. Y que invoques entonces
el nombre de Dido muchas veces. Aunque ausente, he de seguirte con las llamas
385 de las negras antorchas. Y cuando arranque el alma de mis miembros