Eneida
Eneida 520 Después suplica al divino poder, si alguno existe,
que justo y vigilante ampara a los amantes no correspondidos.
Era de noche. Los cansados cuerpos disfrutaban la dulzura del sueño
sobre el haz de la tierra. Ya los bosques y el iracundo mar yacían
sumidos en reposo. Era la hora en que median su carrera los astros en su giro
525 por el cielo; cuando enmudece todo el campo, bestias y aves
de pintado plumaje, cuantos pueblan en todo el derredor los lagos límpidos,
cuantos habitan los ásperos breñales,
entregados en el silencio de la noche al sueño
mitigaban sus cuidados y daban al olvido sus afanes[112].
No el alma infortunada de la reina fenicia. Ni un instante se rinde al sueño
530 ni los ojos ni el corazón le embebe la noche. Se le doblan los pesares
y renace su amor y se embravece y se encrespa en un mar de ira.
Empieza dando vueltas y vueltas alma adentro a su pasión;