Eneida
Eneida tú, Juno, medianera y testigo de mis penas,
Hécate a quien invocan a alaridos de noche por las encrucijadas
610 de las ciudades, Furias vengadoras, vosotros divinos valedores de la muerte de Elisa,
atendedme, volved vuestro poder divino hacia mis males,
lo merezco, y escuchad mis plegarias!
Si es forzoso que ese hombre de nefanda maldad arribe a puerto
y que consiga a nado ganar tierra, si así lo impone la voluntad de Júpiter
615 y es designio inmutable, que a lo menos acosado en la guerra por las armas
de un pueblo arrollador, fuera de sus fronteras,
arrancado a los brazos de su Julo,
implore ayuda y vea la muerte infortunada de los suyos,
y después de someterse a paz injusta no consiga gozar de su reinado
ni de la dulce luz y caiga antes de tiempo
620 y yazga su cadáver insepulto en la arena. Esto es lo que os pido,
la última ansia que escapa de mi pecho con mi sangre.
Y vosotros, mis tirios, perseguid sañudos a su estirpe,