Eneida
Eneida 595 volcaos en los remos. ¿Qué digo? ¿Dónde estoy?
¿Qué locura me trastorna la mente?
¡Desventurada Dido! ¡Ahora te hiere el alma su malvado proceder!
Entonces debió ser, cuando ponías en su mano el cetro.
Ve cómo cumple la palabra dada
el que lleva consigo los dioses hogareños de su patria, según dicen,
el que cargó a sus hombros a su padre acabado por los años.
¿Y no pude apresarlo y desgarrar sus miembros
600 y esparcirlos por las olas? ¿Y no logré acabar a hierro con su gente,
matar al mismo Ascanio y ofrecerlo a su padre por manjar?
¿Que era dudoso el resultado de esa lucha?
Aunque lo fuera. ¿A qué temer cuando se va a morir?
Hubiera yo prendido fuego a su campamento y quemado las quillas de las naves
605 y exterminado a hijo y padre y a todo su linaje
y yo misma sobre ellos me hubiera dado muerte.
¡Sol que iluminas con tu lumbre cuanto se hace en la tierra,