Eneida
Eneida 45 y desde un altozano les habla así: «¡Nobles hijos de Dárdano,
nacidos de la raza egregia de los dioses, ha completado el año
la carrera de sus meses cabales, desde que confiamos a la tierra
los huesos, lo que de él nos quedó, de mi padre divino,
y nuestro duelo consagró estas aras!
Y ya, si no me engaño llega el día para mí siempre amargo,
50 que he de honrar siempre, así lo habéis querido, dioses.
Yo aun desterrado entre las Sirtes getulas,
o sorprendido en medio del mar de Argos
o en la misma Micenas, cumpliría mi promesa cada año,
celebrando conforme a lo prescrito solemnes ceremonias
y colmando este día los altares con los dones debidos.
55 Ahora, además, estamos en presencia de las mismas cenizas
de los huesos de mi padre, no sin designio y voluntad del cielo,
según tengo por cierto, traídos hasta aquí,
hemos entrado en este puerto amigo.