Eneida
Eneida y que los huesos de mi padre Anquises estrecha en su regazo?»
Dice así y tienden hacia el puerto y despliegan las velas
al soplo favorable del Céfiro y rauda se desliza la flota por las olas
y al fin alborozadas enfilan ya las playas conocidas.
35 Desde lejos, en lo alto de la cima de un monte
Acestes, asombrado, divisa su llegada y corre a recibir a las naves amigas
erizado de dardos, con pelliza de osa libia, Acestes,
aquel que engendró el río Criniso[120] de una madre troyana.
Presente en su memoria su antiguo parentesco,
40 felicita a los suyos por su vuelta y los acoge con agrestes dones
y va reconfortando sus fatigados cuerpos con socorros amigos.
Cuando irradió en Oriente su lumbre el nuevo día,
una vez ahuyentadas las estrellas,
Eneas a lo largo de la playa convoca una asamblea de los suyos