Eneida
Eneida Diciendo esto se cubre la frente con el mirto de su madre.
Hace Hélimo[121] lo mismo y Acestes, maduro ya en edad,
y lo hace el niño Ascanio y les imita todo el mocerío.
75 Y desde la asamblea se encamina Eneas hacia el túmulo
seguido de millares de los suyos.
Le rodea una inmensa multitud. Allí van derramando sobre el suelo
la libación prescrita, las dos copas de don puro de Baco, las dos de leche fresca,
dos de sangre sagrada. Y va esparciendo flores purpúreas y prorrumpe:
80 «¡Yo te saludo, padre, mi padre venerado, y otra vez os saludo a vosotras
cenizas, recobradas en vano, y a ti, espíritu y sombra de mi padre!
No se me ha concedido ir en tu compañía en busca de la tierra de Italia
y las campiñas que el hado me reserva y del Tíber ausonio,
donde quiera que esté».
85 Apenas terminó de hablar cuando de lo hondo de la tumba