Eneida
Eneida una serpiente viscosa va arrastrando siete ingentes anillos
que repliega siete veces y ciñe sosegadamente el túmulo y luego se desliza
por entre los altares. Su dorso esmaltan verdiazules motas.
Fulgen relumbres de oro sus escamas,
igual que el arco iris dardea al sol frontero allá en las nubes
90 sus mil variados visos. Se pasma Eneas a su vista. Repta ella en largo recorrido
entre las tazas y pulidas copas y gusta los manjares y sin causar daño
vuelve a lo más hondo del túmulo.
Ha dejado los altares una vez consumidas las ofrendas.
Con más ardor aún, renueva Eneas los ritos comenzados como deber filial.
95 No sabe si pensar que sea el genio[122] de aquel paraje
o un espíritu servidor de su padre.
Sacrifica, conforme a lo prescrito, dos ovejas de dos años, dos lechones
y dos novillos de atezado lomo y va vertiendo vino de las tazas
y evoca el alma del egregio Anquises y a sus Manes libres ya del Aqueronte[123].