Eneida
Eneida verás la ciudad de Lavinio y el cerco de murallas prometidas,
y al magnánimo Eneas lo encumbrarás
hasta los mismos astros. No he cambiado de idea.
260 Este hijo tuyo —te lo voy a decir ya que te punza el alma ese cuidado,
desplegaré del todo los arcanos de los hados
y pondré al descubierto sus secretos—,
emprenderá en Italia tenaz guerra, domeñará a sus bravÃos pueblos,
dará a sus hombres leyes y a sus ciudades muros,
hasta que tres veranos le hayan visto reinando
265 sobre el Lacio y hayan pasado tres inviernos
después de someter a su yugo a los rútulos;
y el niño Ascanio, al que ahora llaman Julo —Ilo se le llamaba
mientras estuvo en pie el reino de Ilión—,
al giro de los meses completará en su reino el dilatado ciclo de treinta años,
270 y desplazará el trono de su sede primera, de Lavinio,
y tenderá potente los muros de Alba Longa.
Y allà la estirpe de Héctor reinará tres centenares de años
hasta el dÃa en que Ilia, sacerdotisa real, amada del dios Marte,