Eneida
Eneida y la atención de los ancianos en las filas de enfrente
pidiendo para sí el honor que con fraude le ha sido arrebatado.
Pero Euríalo cuenta con el favor de todos y el poder de sus hermosas lágrimas
y su propia valía, más atractiva aún en un cuerpo agraciado,
345 Diores viene en su ayuda. Protesta a grandes voces
que él había conseguido ya la palma
y que habría logrado el tercer premio en vano
si se le otorga a Salio el honor de pasar al primer puesto.
Entonces interviene el buen Eneas:
«Tenéis asegurados, muchachos, vuestros premios.
350 Ninguno alterará el orden del triunfo. Séame permitido
dolerme de un amigo sin culpa en su infortunio».
Dice y entrega a Salio una imponente piel de león getulo
cargado de su gala de vedijas y con las garras de oro.
Niso entonces: «Si tales son los premios que das a los vencidos