Eneida
Eneida y te dueles así de los caídos ¿qué recompensa digna de él reservas a Niso
355 que hubiera conseguido con honra el primer puesto si no le hubiera sido
adversa como a Salio la fortuna?» Mientras hablaba así
mostraba rostro y cuerpo sucios de húmedo fimo. El bondadoso padre le sonríe
y manda que le traigan un escudo forjado por el arte de Didimaón, que un día
360 arrancaron los dánaos del sagrado dintel de Neptuno[131].
Con este don soberbio
recompensa al noble joven.
Una vez terminada la carrera y otorgados los premios:
«Ahora —prorrumpe Eneas— si alguien tiene valor y coraje en el pecho,
que se adelante aquí con los brazos en alto y las manos armadas de guanteletes».
365 Dice y expone el doble galardón del combate: al vencedor
un novillo con los cuernos dorados, ornado con las borlas de las ínfulas;
una espada y un yelmo bien galano servirán de consuelo al vencido.
No transcurre un momento. Al punto Dares aparece