Eneida
Eneida Es éste a quien tú un dÃa, libre ya de zozobras, le darás acogida en el cielo
290 cargado de despojos de Oriente. A él también invocarán con votos los humanos.
Y alejadas las guerras se amansarán entonces las edades turbulentas.
Y la Fidelidad de cabellos de plata, Vesta y Quirino
con su hermano Remo irán dictando leyes[8].
Se cerrarán las puertas de la guerra, las de ferradas, pavorosas barras.
295 Dentro el furor impÃo, sentado en una hacina de crueles armas,
atados a la espalda los brazos con cien broncÃneos nudos,
prorrumpirá por sus sangrientas fauces en hórridos bramidos».
Dice y desde la altura manda al hijo de Maya a que la tierra de Cartago
y sus nuevos alcázares deparen acogida a los teucros, no sea que ignorando
300 la voluntad del hado los rechace Dido de sus fronteras.
Por el ancho haz del aire va él batiendo
los remos de sus alas y se posa veloz en las riberas libias