Eneida
Eneida y cumple lo mandado. Y los tirios mitigan su fiereza por voluntad divina.
E inspira de primeras a su reina ánimo tolerante
y una actitud propicia hacia los teucros.
305 En tanto, el fiel Eneas va durante la noche
dando vueltas en su alma a mil cuidados.
Apenas se les brinda el día, alentado se decide a salir y explorar el paraje,
a qué riberas ha llegado a parar a impulsos de los vientos, quién las puebla,
hombres o fieras, pues ve todo baldío,
y volver a contarlo puntualmente a los suyos.
310 Oculta en un recodo del bosque sus navíos al socaire de un risco socavado,
todo ceñido de árboles, denso de hórridas sombras.
Sin otra compañía que Acates, echa a andar.
En su mano empuña dos venablos de ancho hierro.
Y en la mitad del bosque se le hace encontradiza su madre,
el rostro y el vestido de muchacha, las armas de una joven espartana,
315 como la tracia Harpálice cuando cansa a los potros