Eneida
Eneida desde la altura la Saturnia Juno manda a Iris a las naves troyanas
y le insufla el favor de los vientos en su vuelo. Planeaba mil tretas
insaciados todavía sus antiguos rencores. Apresura su marcha la doncella
610 a lo largo del arco de mil visos y desciende por su rápida senda
sin que nadie la vea. Y divisa un inmenso gentío y recorre con sus ojos la orilla
y ve el puerto desierto y ve solas las naves. A lo lejos, aparte,
allá en la playa solitaria las mujeres troyanas[139]
lloraban por la pérdida de Anquises
y todas entre lágrimas dirigían la vista al mar inmenso.
615 «¡Ay! ¡Qué cansancio y cuántas travesías por las olas nos quedan todavía!»
Prorrumpen todas a una. Piden una ciudad.
Están hastiadas de tanto sufrimiento por el mar.
Iris, versada en malignos amaños, se mete en medio de ellas
mudando antes su aspecto y su veste de diosa. Se ha transformado en Béroe,