Eneida
Eneida 765 Un inmenso gemido surge a lo largo de la corva orilla.
Entre mutuos abrazos pasan toda una noche y un día demorando la partida.
Y hasta las mismas madres y aquellos a los que antes repelía
aun la vista del mar y era su solo nombre intolerable,
quieren ahora embarcarse y arrostrar todos los sufrimientos del destierro.
770 Eneas los consuela bondadoso con palabras de afecto y entre lágrimas
se los va encomendando a su pariente Acestes. Y en seguida ordena el sacrificio
de tres terneros a Érice y que a las Tempestades[142] se inmole una cordera
y que vayan soltando las amarras de una en una. Y él mismo,
ceñidas las sienes de hojas de podado olivo,
destacado en pie sobre la popa, la ancha copa en la mano,
775 arroja las entrañas de las víctimas a las ondas saladas y vierte vino transparente.
Surge el viento de popa y les va acompañando en su camino.
Los remeros compiten entre sí en batir las olas barriendo el haz del mar.