Eneida
Eneida y ha incendiado las naves su ruindad.
Y nos fuerza a abandonar en tierra extraña a nuestros camaradas
795 al perder sus navíos. Permíteles, te ruego, a los que quedan
tender velas al viento sin peligro a través de las olas
y que arriben al Tíber laurentino, si pido lo que es suyo,
y las Parcas nos otorgan esa ciudad murada».
Y el hijo de Saturno, señor del hondo mar, responde así:
800 «Tienes pleno derecho a confiar, Citerea[143], en mi reino en que has nacido;
además lo merezco yo que he frenado tantas veces la furia
y la iracunda cólera de la mar y del cielo.
No fue menor el cuidado que en tierra hube de tu Eneas
—pongo al Janto y al Simunte por testigos— cuando Aquiles
persiguiendo a las tropas troyanas ya sin ánimo,
805 las acosaba hasta los mismos muros,
y mandaba a la muerte millares de troyanos, y los ríos repletos de cadáveres