Eneida
Eneida ingente cantidad de plata y oro ignorada por todos. Conmovida a su vista
360 Dido se apresta a huir y va alistando compañía. Se le juntan
los que sienten encono o acuciante temor hacia el tirano. Se apropian de unas naves
que había casualmente preparadas, las cargan de oro y se van por el mar
los caudales del avaro Pigmalión. Acaudilla la hazaña una mujer.
365 Arriban al paraje donde ahora puedes ver ingentes muros,
donde ahora está elevándose el alcázar de la nueva Cartago.
Compran allí terreno, el espacio que podía abarcar
la piel de un toro —de ahí el nombre de Birsa[8bis] que le dan.
Pero ¿quiénes —decidme— sois vosotros?
¿De qué playa venís? ¿A dónde os dirigís?»
370 A estas preguntas responde Eneas suspirando
y exhalando del hondo del pecho sus palabras:
«¡Diosa!, si comenzando por su origen primero empezara a contarte el relato
de nuestros infortunios, y tuvieras tú tiempo de escuchármelo antes de darle fin,