Eneida
Eneida 305 madres, esposos, héroes magnánimos cumplida ya su vida,
y niños y doncellas y mozos tendidos en la pira
ante los mismos ojos de sus padres;
tantos como las hojas que en el bosque a los primeros fríos otoñales
310 se desprenden y caen o las bandadas de aves en vuelo sobre el mar
que se apiñan en tierra cuando el helado invierno las ahuyenta
a través del océano en busca de países soleados.
En pie pedían todas ser las primeras en pasar el río
y tendían las manos en ansia viva de la orilla opuesta.
315 Pero el hosco barquero va acogiendo en su barca ahora a éstos, ahora a aquéllos
y rechaza a los demás y los mantiene lejos de la orilla.
Eneas asombrado, turbada su alma por aquel tumulto:
«Dime, virgen —pregunta—,
¿qué significa esa afluencia al río? ¿Qué quieren esas almas?
320 Y ¿por qué razón se retira a las unas de la orilla mientras pasan las otras