Eneida
Eneida con los remos que barren la lívida corriente?» Le responde
con brevedad la anciana profetisa: «¡Hijo de Anquises, verdadero descendiente de dioses!,
ves los hondos remansos del Cocito y la laguna Estigia, cuyo alto poder temen
los dioses invocar con falso juramento. Todos esos que tienes a la vista
325 son turba desvalida a la que se ha negado sepultura. El barquero es Caronte,
los que va llevando por las ondas han sido sepultados.
No le es dado pasarlos de esta ribera horrenda ni atravesar las olas
de su ronca corriente sin que encuentren primero sus huesos el descanso del sepulcro.
330 Cien años revolando vagan en derredor de esas orillas. Sólo al fin
se les admite y llegan a cruzar los remansos que tanto deseaban.
Frenó el hijo de Anquises el paso
y se detuvo y se sumió en hondos pensamientos,
dolida el alma de su dura suerte.
Allí distingue entristecidos, privados de las honras rituales en la muerte,
a Leucaspis y a Orontes, capitán de la flota de los licios,