Eneida
Eneida 335 a los que navegando desde Troya con él por mares borrascosos
arrumbó el Austro y arrolló nave y tripulación entre las olas.
Entonces el piloto Palinuro avanzaba a su encuentro, el que en la travesía
de Libia, hacía poco, arrancado a la popa mientras iba observando las estrellas,
340 cayó lanzado en medio de las olas. Apenas reconoce entre la densa sombra
Eneas su semblante desolado, se adelanta a hablarle:
«¡Palinuro!, ¿qué dios te arrebató
de nuestro lado y te hundió bajo el ancho haz del mar? Di, contéstame.
Apolo, que jamás me engañó, esta vez se ha burlado de mí. Me aseguraba
345 que saldrías sin daño del mar y arribarías a las tierras de Ausonia.
Mira cómo ha cumplido su promesa».
«No te ha engañado el trípode de Apolo[166],
caudillo, hijo de Anquises, ni un dios me sepultó bajo las ondas.
El gobernalle aquel, fiado a mi custodia,
350 que yo asía, con que regía el curso de la nave,