Eneida
Eneida lo arranqué sin querer con gran fuerza y al caer de cabeza
lo arrastré a una conmigo. Lo juro por la furia de los mares,
no llegué a temer tanto por mí como temía por tu nave, que privada de timón,
sacudido el piloto de su mando, zozobrase en aquellos montes de olas.
355 Tres noches borrascosas el Noto me arrastró impetuoso
por sobre el mar inmenso entre las aguas.
Al albor del cuarto día, empinado en la cresta de una ola
acerté a divisar Italia. Poco a poco avanzaba a nado hacia la orilla.
Me hallaba ya a seguro, a no haberme atacado con sus armas
horda cruel tomándome, ignorante, por presa codiciada
360 cuando bajo el agobio de mi ropa empapada
iba asiendo con mis manos crispadas el cantil de una roca.
Ahora estoy a merced del oleaje y me traen y me llevan los vientos en la orilla.
Por eso te lo pido por la dulce, celeste claridad,
por el aire que respiras, por tu padre,