Eneida
Eneida de las ovejas que han sacrificado, con que cubren el suelo,
y solicita que le llegue el sueño,
ve revolando en torno un sinfín de fantasmas de forma sorprendente
90 y oye voces diversas y goza platicando con los dioses
y conversa con el mismo Aqueronte
en las profundas simas del Averno. Allí fue donde entonces acudió una vez más
el mismo rey Latino demandando respuesta y allí sacrificaba según rito
ovejas de dos años. Yacía el rey entonces acostado en sus pieles
95 y vellones extendidos por tierra. De repente le llega
esta voz desde lo hondo del bosque:
«No trates, hijo mío, de casar a tu hija con esposo latino,
ni tengas fe en el tálamo dispuesto.
Llegarán de fuera quienes han de ser tus hijos,
cuya sangre alzará nuestro nombre hasta los cielos.
Verán los descendientes de su estirpe girar bajo sus pies sometida a su mando
100 cuanta tierra avista en su carrera el Sol por uno y otro Océano».