Eneida
Eneida 330 Juno le habla y aguija así su furia: «Hazme este menester,
tú, muchacha nacida de la Noche, préstame este servicio,
que mi honor y mi fama no lleguen a salir menoscabados,
que los hombres de Eneas no consigan ganarse el alma de Latino proponiéndole bodas,
ni logren asentarse en tierra itálica. A ti te es dado armar e incitar a la lucha
335 a los mismos hermanos más unidos y arrumbar con el odio las familias
y llevar la desgracia y las teas de muerte a los hogares.
Tú posees mil nombres y mil trazas de maldad.
Fuerza tu alma fecunda, desgarra la alianza concertada,
siembra gérmenes de guerra,
340 que a la par ambicionen, que pidan, que arrebaten los jóvenes las armas».
Alecto sin demora embebida del veneno de las Górgonas se dirige al Lacio,
al prominente alcázar del monarca laurentino y en silencio planta cerco
al vestíbulo de Amata. Ante el arribo de los teucros y la boda de Turno