Eneida
Eneida da la señal de los pastores y con su corvo cuerno tensa su voz tartárea
que al instante estremece todo el bosque y el eco va sonando
515 por las profundas simas de la umbría. Lo oyó en su lejanía el lago de Trivia[229],
oyólo el albo Nar, el de sulfúreas aguas, los hontanares del Velino.
Y las madres temblando de pavor apretaban sus hijos a sus pechos.
Al rebato siniestro del cuerno acuden raudos de todas partes
520 arramblando las armas los indómitos labradores.
La mocedad troyana abre el portón del campamento
y manda por su parte ayuda a Ascanio.
Ya han formado sus líneas de batalla.
No es la suya pelea de labriegos, trabada con garrotes ni con chuzos
525 aguzados al fuego. Tratan de decidir la lucha a hierro de dos filos.
Por todo el llano se eriza negra mies de desnudas espadas.
Fulge el bronce hostigado por el sol e irradia sus destellos a las nubes.