Eneida
Eneida 790 vaca ya, portentosa invención, y Argo, guardián de la muchacha,
y su padre Ínaco vertiendo su caudal del cincelado cántaro.
Sigue a Turno una nube de peones[248] con su broquel al brazo,
apiñados por toda la llanura.
Son los mozos argivos y las bandas de auruncos.
795 Y los rútulos y los viejos sicanios,
y las tropas sacranas, los labicos armados con pintados broqueles,
los que labran los sotos de tu orilla, río Tíber, la sagrada ribera del Numico,
y los que aladran con el arado los collados rútulos,
el saliente de Circe y las campiñas de Ánxur que Júpiter preside,
800 y aquel claro de bosque verdegueante, delicia de Feronia,
y allá donde reposa el sombrío marjal de Sátura y el hondo de los valles
donde el helado Ufente se abre paso y va a hundirse en el mar.
Y cerrando el desfile, Camila[249], de la raza de los volscos,
manda una cabalgada de jinetes, sus escuadrones de radiante bronce,