Eneida
Eneida 805 la muchacha guerrera que no avezó sus manos femeninas a la rueca
ni al cestillo de lana de Minerva, pero curtió su cuerpo en el rigor de los combates
y en la carrera a pie hasta ganar la delantera al viento.
Volaría por cima de las cabezas de una mies intacta
y su pie no heriría las frágiles espigas, o correría por mitad del mar
810 por sobre el haz de las turgentes olas y no humedecería su cima
ni las plantas de sus alados pies.
Todo el tropel de mozos irrumpiendo de casas y de campos
y los corros de madres la contemplan absortos a su paso.
Miran maravillados cómo el regio atavío de la púrpura
815 cubre sus finos hombros, cómo lleva enlazados sus cabellos
con su fíbula de oro, con qué donaire porta un carcaj licio
y su cayado pastoril de mirto con el remate de ferrada lanza.