Eneida

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100 entonces, los dominios que poseía en su pobreza Evandro.

Enfilan con presura sus proas y se van acercando a la ciudad.

Sucedió que aquel día el rey arcadio rendía el homenaje acostumbrado

al hijo poderoso de Anfitrión[257] y a los dioses en un bosque frontero a la ciudad.

Estaba allí con él su hijo Palante, con él todos los mozos principales

105 y el humilde senado iba ofreciendo incienso.

Humeaba un vaho tibio de sangre en los altares.

Al divisar las altas naves deslizarse entre el umbroso soto

e ir batiendo los remos ya en silencio,

se aterran a su vista repentina

y se levantan todos a un tiempo y se retiran de las mesas.

110 Intrépido Palante les prohíbe que interrumpan la fiesta y empuñando su lanza

parte raudo a su encuentro y desde un altozano:

«Guerreros, ¿qué motivo os ha impulsado a explorar rutas desconocidas?

¿A dónde vais? —les grita—. ¿De qué raza sois?

¿De qué patria venís? ¿Nos traéis paz o guerra?»


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