Eneida
Eneida 230 rechinando los dientes. Recorre ardiendo en ira todo el monte Aventino
por tres veces. Tres veces intenta remover la peña de la entrada
y tres veces se vuelve a sentar en el valle rendido de fatiga.
Había allí plantado un picacho de roca, todo a su alrededor cortado a filo.
Se alzaba sobre el flanco de entrada de la cueva, de altura impresionante,
235 asilo acogedor donde anidaban las aves de rapiña.
Como estaba su cima inclinada hacia el río por la izquierda
la impele a viva fuerza a la derecha y la descuaja de sus hondas raíces.
De repente la roca se desploma. Retumba a su caída todo el cielo.
240 Salta hendida la orilla. Retrocede aterrada la comente del río.
Entonces aparece al descubierto la caverna de Caco, su espacioso palacio.
Quedan de par en par las sombras del recinto, igual que si la tierra
desgarrada por una convulsión descorriera las simas de su hondura