Eneida
Eneida y llena su quejumbre el ámbito del bosque y deja resonando las colinas.
Respondió una novilla rompiendo en un mugido por la oquedad inmensa de la cueva
y frustró la esperanza de Caco allá en su encierro.
Entonces sí que a Alcides dolorido le borbotea el pecho negra hiel.
220 Arma raudo su mano con la pesada clava erizada de nudos
y corriendo se dirige hacia la cumbre del enhiesto monte.
Los nuestros ven entonces por vez primera a Caco amedrentado,
la mirada aturdida. Huye en el mismo instante, más ligero que el Euro
camino de la cueva. El miedo le pone alas en los pies.
225 Cuando se encierra dentro y, rotas las cadenas, deja caer de lo alto
la gigantesca peña que el arte de su padre había allí colgado
de férreos eslabones, y bloquea con su mole
la entrada bien segura, de pronto ya está allí furioso el de Tirinte
mirando cada parte del umbral. Dirigía los ojos en todas direcciones