Eneida
Eneida el intrépido Rómulo. Y al pie de húmeda roca le muestra el Lupercal,
llamado así como es uso en Arcadia llamar a Pan Liceo.
345 Y no deja tampoco de señalarle el bosque del sagrado Argileto[266]
y pone por testigo de su inocencia al bosque
y le cuenta la muerte que se dio a su huésped Argo.
Y desde allí le lleva a la roca Tarpeya[267]
y al Capitolio, hoy relumbrante de oro,
hórrido antaño de silvestres breñas. Ya entonces un respeto siniestro
a estos parajes sobrecogía a aquellos temerosos rústicos
que temblaban, ya entonces, viendo sus arboledas y sus rocas.
350 «Este bosque —prorrumpe—, este collado de frondosa cumbre,
qué dios no lo sabemos, pero lo habita un dios.
Creen mis Árcades haber visto en persona a Júpiter aquí no pocas veces
batiendo con su diestra su oscura égida[268] y acuciando a las nubes.
355 También estos dos fuertes de muros agrietados que ves son viejos restos