Eneida
Eneida descuartizan a Meto. (Pero debiste, albano, cumplir lo prometido)[282].
Y Tulo va arrastrando por el bosque los miembros del perjuro,
645 y las zarzas salpicadas destilan el rocío de su sangre.
Allí estaba Porsenna que ordenaba acoger a Tarquinio expulsado
y apremiaba con imponente asedio la ciudad. Y los hijos de Eneas
se lanzan a las armas para salvar la libertad.
Allí verías a Porsenna, retrato de la misma indignación, de aspecto amenazante
650 por la audacia de Cocles de desgarrar el puente y la hazaña de Clelia
que rompe sus cadenas y pasa a nado el Tíber.
En la parte cimera Manlio[283], el guardián del alcázar tarpeyo,
que defiende la cumbre del monte Capitolio. Está de pie ante el templo.
El palacio de Rómulo erizaba su techumbre de paja reciente todavía.
655 Allí un ganso de plata aleteando por el pórtico de oro
con su graznido avisa que están los galos en el mismo umbral.