Eneida
Eneida 715 les dedica su inmortal don votivo a los dioses de Italia
y consagra por toda la ciudad
tres centenares de grandiosos templos. Estallan de alegría,
de festejos y vítores las calles. En cada templo un coro de matronas,
en todos sus altares, y ante ellos los novillos inmolados cubriendo todo el suelo.
720 El mismo Augusto sentado en el umbral blanco de nieve del radiante Febo
va mirando los dones de los pueblos y los cuelga de sus soberbias puertas[290].
Pasan en larga hilera los vencidos, tan diversos
en su atuendo y sus armas como en su habla.
Había allí Vulcano modelado la tribu de los nómadas[291],
los africanos de flotante veste,
725 los léleges, los carios, los gelonos armados de saetas.
El Éufrates fluía mansa ya la altivez de su corriente.
Pasaban los morinos que pueblan los remotos confines de la tierra,
el Rin bicorne, los indómitos dahas, el río Araxes[292], resentido por su puente.