Eneida
Eneida Y desgarrado el manto avanza alborozada la Discordia.
Y le sigue Belona con el látigo salpicado de sangre.
Lo advierte Apolo, el de Accio, y apresta al punto el arco allá en la altura.
705 Aterrado a su vista todo Egipto y la India y toda Arabia y todos los sabeos[288]
van dándose a la fuga. Se ve a la misma reina invocando a los vientos,
y desplegar las velas y hasta el instante de soltar las jarcias.
La había cincelado el dios del fuego en medio del estrago,
pálida por la muerte ya inminente,
710 llevada por el viento Yápige[289] a través de las olas.
Y enfrente de ella el Nilo, corpulento, entristecido,
descorriendo de par en par su manto y llamando a los vencidos
a ampararse entre los sueltos pliegues de su regazo.
Pero César Augusto, cruzando en su carroza
el recinto de Roma con los honores de su triple triunfo,