Eneida
Eneida ¡Ea, no te detengas! Corre ya a apoderarte de su desconcertado campamento».
Dice y se alza a la altura tendiendo al aire sus parejas alas.
15 Y en su huida va trazando en las nubes su arco ingente.
La reconoce el joven y eleva hacia los astros las palmas de sus manos[296]
y con estas palabras va siguiendo su vuelo:
«Iris, gala del cielo, ¿quién te ha mandado descender de las nubes a la tierra
en mi busca? ¿De dónde esa radiante claridad repentina?
20 Veo el velo del cielo descorrerse
y por el firmamento vagar desperdigadas las estrellas[297].
Obedezco tus egregios presagios, quienquiera seas,
tú que me llamas a las armas».
Así diciendo se adelanta al río y toma agua del haz de su corriente
y dirige a los dioses una súplica y otra y carga las alturas con sus votos.
25 Y ya todo su ejército avanzaba por los abiertos llanos, rico en corceles,
rico su atuendo recamado de oro. Mesapo[298] manda la vanguardia,