Eneida
Eneida De pronto la trompeta retumbando su son de bronce en la distancia
quiebra su hórrido grito. Y se eleva en seguida un clamoreo
y rebrama el eco por el cielo. Los volscos avanzan a la par,
505 trabados los escudos a modo de tortuga
y se aprestan a rellenar los fosos y arrancar la empalizada.
Otros buscan una vía de entrada y tratan de ganar los muros con escalas,
allá donde se espacia la línea de defensa, donde deja algún claro
la fila menos densa de guerreros. Replícanles los teucros disparando
510 toda traza de dardos. Los rechazan con estacas erizadas de hierros,
hechos ya como están en asedio tan largo a defender los muros.
Hacen también rodar piedras de enorme peso
por si pueden quebrar las líneas de broqueles.
Pero éstos al amparo de su caparazón arrostran de buen grado todo embate,
515 mas no logran su empeño, pues en el punto mismo donde acosa un nutrido tropel,