Eneida
Eneida ¿No os duelen, no os sonrojan, cobardes,
los males de la patria, nuestros antiguos dioses,
ni nuestro gran Eneas? Encendidos sus ánimos con esto, cobran brÃos
y se plantan en apretadas filas. Turno va poco a poco retirándose
790 y se dirige al rÃo, a aquella parte que ciñe el campamento con sus ondas.
Los teucros le acometen con redoblado ardor, con grandes gritos,
apiñando sus fuerzas. Como cuando una nube de monteros va acosando
erizada de dardos a un león feroz. Éste aterrado, furioso, la mirada llameante,
retrocede y ni volver la espalda le deja su furor y su coraje
795 ni tampoco es capaz por más que lo desea de embestir a venablos y monteros,
asà Turno indeciso y despacio echando el paso atrás
ardiendo en ira. Dos veces todavÃa se abalanza en medio de las filas enemigas,
800 dos veces las dispersa y pone en fuga a lo largo del muro.
Pero concentran ellos en seguida las fuerzas de todo el campamento