Eneida
Eneida tendidos a distancia por el suelo. Y abate luego a Amico, devastador de fieras,
no había otro más diestro en impregnar de jugos los dardos
y en armar el hierro de ponzoña. Y a Clicio, hijo de Eolo,
a Creteo, delicia de las musas, el que hacía a las musas compañía[332].
775 Tenía su amor puesto en los versos y las cítaras
y en templar los tonos en las cuerdas.
Siempre cantaba cantos de corceles y de armas y de héroes y batallas.
Enterados al cabo del estrago de los suyos acuden los capitanes teucros,
Mnesteo y el brioso Seresto. Ven dispersos a sus hombres
780 y al enemigo dentro de sus muros. «¿A dónde, a dónde vais a huir
después?, grita Mnesteo. ¿Qué otra muralla tenéis?
¿De qué baluartes disponéis detrás de éstos? ¿Un solo hombre, troyanos,
encerrado en vuestros terraplenes ha podido
causar tan gran estrago impunemente?
785 ¿Ha logrado mandar al Orco a tantos destacados mozos nuestros?