Eneida
Eneida que dejó a salvo el mar y las llamas de Troya. Voy a sumirlo en sueño
680 y allí en lo alto de la isla de Citera sobre el monte Idalio
me propongo esconderle en mi sacro recinto a fin de que él no pueda
advertir la añagaza ni acudir a estorbarla.
Tú, una noche, una sola, con tus mañas finge su misma traza
y como niño que eres, adopta el rostro familiar del niño
685 para que cuando Dido te acoja alborozada en su regazo en el banquete real
entre el fluir del vino y te estreche en sus brazos
y cuando imprima en ti sus dulces besos, infundas tu secreto fuego en ella
y tus filtros de amor sin que lo advierta». El Amor obedece las órdenes
690 de su querida madre, se desprende de sus alas
y remeda gozoso el mismo andar de Julo.
Mientras, Venus infunde en los miembros de Ascanio un plácido sopor,
y entibiado en su regazo se lo lleva a las altas arboledas de ldalia,