Eneida
Eneida Que ahora cada cual se acuerde de su esposa y su hogar;
280 que ahora traiga a la memoria las proezas,
la gloria de los suyos. Adelante. Corramos a su encuentro junto al agua,
cuando al precipitarse de las naves den vacilando sus primeros pasos.
La fortuna ayuda a los audaces». Prorrumpe y va pensando
285 con quiénes hacer frente al enemigo
y a qué otros encargar el cerco de los muros.
Eneas, entre tanto, desembarca a los suyos tendiendo pasarelas desde las altas popas.
Esperan unos el lánguido reflujo de cada ola y de un salto confian
su cuerpo al poco fondo de las aguas. Algunos se deslizan por los remos.
290 Tarcón explorando la línea de la playa advierte un punto donde ni borbotea
el agua en los bajíos ni van rompiendo con fragor las olas,
sino que se deslizan sin tropiezo cuando sube la marea.
Al instante enfila allí las proas
y exhorta así a los suyos: «Ahora, guerreros míos preferidos,
295 volcaos ahora en vuestros fuertes remos.