Eneida
Eneida su padre omnipotente con palabras de afecto: «Fijado le está el día a cada cual.
El plazo de la vida es breve para todos y no es dado reponerlo.
Pero extender la fama con las obras, esa sí que es empresa de valía.
Bajo los altos muros de Troya sucumbieron muchos hijos de dioses.
470 Cayó allí Sarpedón, el hijo de mi sangre.
También a Turno le está llamando su hado.
Ya ha llegado a la meta señalada a su vida». Así dice
y aparta los ojos de los campos de los rútulos[359].
475 Palante arroja entonces con enorme fuerza
su lanza y arrebata del hueco de su vaina su espada fulgurante.
El arma voladora va a clavarse donde el ruedo cimero del arnés
se eleva sobre el hombro y abriéndose allí vía por su borde
logra rozar al gigantesco Turno. Éste entonces blandiendo con sosiego
480 su lanza que remata un espigón de hierro se la arroja a Palante.
«Comprueba si mi tiro penetra más adentro». Dice y la punta con vibrante brío